La placidez que destila la contemplación de la imagen de una persona pescando no creemos que diste demasiado de la que debe sentir el propio implicado. Por una suerte de transferencia psicológica, el actor y el espectador consiguen fusionarse en un ente nuevo, imbricado por la empatia que proporciona la común armonía ante la inmensidad.

FOTOGRAFÍA DE JOSÉ LUIS TRULLO